segunda-feira, 3 de novembro de 2014

Gris

ella
oreja blanca
bola blanca
piel blanca
ella se opone a mi negro
zapato negro
mi color es
mezcla de negro y de blanco
pero no soy gris
ella tampoco
pero el gris es lo neutro
de la boca mía y de ella
ello intenso
pero el gris es lo maravilloso
de lo sutil de nuestros mundos
de los ojos
azules casi la mar
de mis lágrimas
mi llanto es castaño
un beso de quien
es la mar de ondas
es por la noche
que estamos en una peli negra
o es por la mañana
en algún sitio entre despertarse y dormir
como si fuera no solo
ficción
ella es mi mar
mi onda que ha venido
en la cual estoy
de su blanco de la espuma
de mi negro de la noche
lo gris somos nosotras
nuestros cuerpos juntos
cuando el mar encuentra
al cielo
y yo
soy negro
ojos cerrados
boca tapada
en la oscuridad
no se ve dentro del útero
se cierran los párpados cuando besamos
soy negro en una caja
los sonidos no tienen colores
soy lo negro de todos los sentidos
y ella es lo azul
la otra lo castaño
y la otra lo gris
y la otra lo verde
y todas nosotras somos mi gris

domingo, 2 de novembro de 2014

Eduardo Galeano 2

La noche


1
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

2
Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.

3
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

4
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.

quinta-feira, 23 de outubro de 2014

Alejandra Pizarnik

Cielo

mirando el cielo 

me digo que es celeste desteñido (témpera 
azul puro después de una ducha helada) 
las nubes se mueven 
pienso en tu rostro y en ti y en tus manos y 
en el ruido de tu pluma y en ti 
pero tu rostro no aparece en ninguna nube! 
yo esperaba verlo adherido a ella como un 
trozo de algodón enyodado dentro de la tela adhesiva 
 sigo caminando 
un cocktail mental embaldosa mi frente 
no sé si pensar en el cielo o en ti 
y si tirara una moneda? (cara tú seca cielo) 
no! tu ser no se arriesga y 
yo te deseo te de-se-o! 
cielo trozo de cosmos cielo murciélago infinito 
inmutable como los ojos de mi amor 

pensemos en los dos 

los dos tú + cielo = mis galopantes sensaciones 
 biformes bicoloreadas bitremendas bilejanas 

 lejanas lejanas

lejos 

sí amor estás lejos como el mosquito 
sí! Ese que persigue a una mosquita junto 
al farol amarillosucio que vigila bajo el 
cielo negrolimpio esta noche angustiosa 

 llena de dualismos 

quarta-feira, 22 de outubro de 2014

Te permita titubear.
Se deixe discursar como queres,
sem ter de deixar
de pensar em muitas pessoas,
ou pensando em uma só,
em uma identidade,
ou uma entidade.

Imperative o espelho,
o dedo que se aponta,
o dedo que te aponte.

Aproveite a populaçao
em todas suas instâncias,
em todos teus instantes.

Apronte-se, reflete-te,
tente se misturar e fundir:
seja lava de letras,
seja calor que consome,
seja palavras expelidas
que se dilataram interiormente.
Seja sem fim

domingo, 5 de outubro de 2014

Quartinho

Você está em um quartinho no meu coração. Mesmo que não fisicamente, como antes, quando costumava transitar por todos os cômodos, e seus passos deixavam rastros iluminados de todas as cores. Jamais houveram passos negros, ou passos em falso, salvo tropeços, mas o que é uma queda quando se tem alguém ali para lhe dar a mão e lhe erguer de novo. Nesta casa eu não dormia; não havia cansaço do amor ou escapatória da realidade, era música em forma de felicidade, e eu dançava sem me cansar ou deixar de me divertir, "essa música só se dança junto".
Às vezes eu me trancava no meu quarto, confabulando contra as vontades, e você batia à minha porta, me chamava para sair, me convidava para copos e abraços. Deixei tudo como estava e fui até você. Não sei se foi o mais correto deixar estar, mas foi a luz que escolhi receber: sua companhia envolvente que tranquilizou qualquer terremoto ou maremoto possível de fazer desabar meu coração.
Mas agora você está nesse quartinho trancado, o qual ainda tenho as chaves de volta às memórias. Ocasionalmente eu o visito, sem saber o motivo de ter ido parar lá. Mas de que adianta entrar, me sentar no chão, encolher os joelhos, fechar os olhos, e reviver os momentos em que aqui estivemos, por mais lágrimas que caiam, por mais carinhos que nos rodeiem, por mais dores que passemos? No quartinho agora só há eu, e você, que não está mais fisicamente. Você, fisicamente, está por ai, transitando por outro coração, alegre e corriqueira, com seus passos, suas cores e suas canções.

Onde estarei no seu coração?

sábado, 4 de outubro de 2014

Jorge Luis Borges

El sur

En el hall de la estación advirtió que faltaban treinta minutos. Recordó bruscamente que en un café de la calle Brasil (a pocos metros de la casa de Yrigoyen) había un enorme gato que se dejaba acariciar por la gente, como una divinidad desdeñosa. Entró. Ahí estaba el gato, dormido. Pidió una taza de café, la endulzó lentamente, la probó (ese placer le había sido vedado en la clínica) y pensó, mientras alisaba el negro pelaje, que aquel contacto era ilusorio y que estaban como separados por un cristal, porque el hombre vive en el tiempo, en la sucesión, y el mágico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante. 


Do livro: Ficciones.

segunda-feira, 1 de setembro de 2014

Eduardo Galeano

El amor

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
—¿Te han cortado? —preguntó el hombre.
—No —dijo ella—. Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:
—No comas yuca, ni guanábanas, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo  te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar  las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:
—No te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:
—¡Lo encontré! ¡Lo encontré!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
—Es así —dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.


Do livro: Memoria del fuego I - Los nacimientos.